En una prearmonización de taller cada tubo es afinado aproximadamente a su valor tonal y
preparado para dar un tono seguro quedando suficiente reserva para el trabajo de harmonización en el lugar de instalación final. Los tubos de madera son armonizados al hacerlos.
Las lenguas de los tubos linguales reciben su primera curvatura. Los resonadores linguales
se ajustan a un largo aproximado.
En todo los casos queda para estos tubos siempre suficiente reserva para armonizarlos de
acuerdo a las características acústicas del lugar de instalación.
Para la armonización final en el lugar de instalación se instalan todos los registros uno tras otro.
Cada tubo es un cuerpo sonoro particular que debe ser formado y que, en conjunto con los otros
tubos, produce un registro de voz característica. Cada tubo es armonizado separadamente y
con la mayor proligidad. La fusión de sonidos y el balance de cada graduación de un registro
son afinados de acuerdo a la sala .
Como prioridad en nuestra concepción de tonalidad está su concepto sinfónico el que
tambien se vierte en la disposición. El volumen y la dinámica son logrados a través de un
abundante presión acústica, no tanto mediante parámetros particulares como amplitud
de labiado, alta presión de viento o una fuerte armonización sino que más bien son mensuras
de mayor anchura con sus correspondientes amplitudes labiales y un suministro de viento
óptimo que aseguran un mayor volumen de sonido en espacios de acústica difícil.